sábado, 14 de junio de 2014

El crack

EL CRACK

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Eduardo José Alvarado Isunza
ealvaradois@yahoo.com

El Neto corrió como demonio por el ala derecha.

Perfecto había sido el pase de su hermano, un tozudo mediocampista, sin muchas cualidades técnicas, pero armado con unos grandes pulmones y piernas muy fuertes que ya habían tronado varias de sus contrincantes.

Filtró el balón adelante de la línea del medio campo con una precisión exacta, apenas con fuerza suficiente para que El Neto llegara a toda velocidad detrás de la defensa, y se lanzara con decisión sobre la portería del rival, después de interceptar la bola y llevarla con el pie.

El portero entendió perfectamente que debía salir del área y tratar de impedir aquella amenaza, como fuera. Estaba jugándose el campeonato y no podía salir con una jotería.

Entre hombres pueden disculparse muchas cosas, incluso que a uno le roben a la mujer o le mienten la madre, menos perder un partido de futbol y menos todavía la final.

Con esa profunda convicción que habita mero dentro de los huevos, de rajársela y ganar el juego como sea, incluso con una fractura de huesos o de fajarse a madrazos con un sujeto desconocido, salió dispuesto a parar al delantero que corría enajenado hacia su portería con la bola a la distancia más justa de sus pies.

El Neto estaba por entrar en el área, cuando el portero barrió con los pies en alto, con toda intención de causar daño.

Mientras aguantaba la embestida con los ojos cerrados, como un hombre, porque precisamente el futbol es juego de hombres, y eso era él: un hombre, El Neto alcanzó a puntear el balón.

Se escuchó un sonido semejante al de una vara seca. De inmediato sintió que algo sucedía. Luego se retorció del dolor, tirado sobre un suelo duro, cubierto de tierra, piedras y vidrios.

--¡Gooool! ¡Gooool! ¡A güevoooo!

Sus compañeros corrieron hacia él para felicitarlo, para abrazarlo, para jalarle de los pelos con un tipo de amor.

--Carnal. Fue gol...

--Que chingón, carnal --dijo con una voz ahogada por el dolor, aguantándose las lágrimas.

--¡Sí, carnal! Eres chingón!

Después de eso El Neto quedó con la pierna chueca. Y, sin embargo, aquello que podría ser algo horrible en un hombre común, en él era testimonio material de ser el único capaz de obtener la gloria en el Torneo Municipal de los Barrios.

Él era un crack y no cualquier otro.

San Luis Potosí, S.L.P., a 14 de junio de 2014.