domingo, 26 de mayo de 2013

Una dulce mujer

UNA DULCE MUJER
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Eduardo José Alvarado Isunza
ealvaradois@yahoo.com

Mi mujer es tan dulce que hasta a las moscas les tira los trapazos con cuidado.

San Luis Potosí, S.L.P., Mex., 17 de mayo de 2013.

Seres de pacholi y batik

SERES DE PACHOLI Y BATIK

(Todos los derechos reservados)


Eduardo José Alvarado Isunza
ealvaradois@yahoo.com

No podría decir cuál ha sido la época más divertida que he tenido por miedo a cometer injusticias con quienes me han acompañado en diferentes momentos de mi actual forma de existir o a dejar de mencionar alguna por ser víctima en este minuto de alguna mala jugada de mi cada vez más senil e intolerante cerebro.

Sin embargo, puedo decirles que una de las épocas que siempre hace vibrar las cuerdas en mi zona de felicidad o cuyos recuerdos llegan con frecuencia a mi consciente como esas olas lánguidas que lamen suavemente las orillas de las presas o de los lagos, corresponde a los ya lejanos setenta.

Aquellos eran años de liberación. Toda la juventud de esa década o quizás solamente haya sido la juventud urbana y mi pertenencia a esa clase de gente me hace decir esa torpe generalización, desafiaba a la ideología conservadora y a cualquier cosa, actitud, pensamiento o institución identificada como portadora de los viejos valores de la burguesía, de las religiones oficiales y cómplices del poder, y de la autoridad cualesquiera que fuesen sus personajes, tales como los padres, los maestros, los policías, los directivos, los jefes, etc.

Debido a que algunos descubrieron felizmente que el cuerpo había sido tatuado por infinitesimales actos de poder y que una forma de desafiar a quienes lo ejercían era la de tomar el dominio del propio cuerpo, cosa que a quienes mandaban provocaba una sensación de fractura de huesos, quienes eramos adolescentes o jóvenes en aquella década incorporamos a nuestro vestido y aspecto una diversidad de modelos, texturas, adornos o formas de cabello que daban la impresión de que así surgía un nuevo tipo de sujeto social: el ser andrógino o unisex.

En esa época, los hombres usamos zapatos de plataformas y tacones; pantalones a la cadera con cremalleras expuestas, bicolores y acampanados; cortes de cabello de diferentes tamaños o tipos que incluían el estilo Afro; ajustadas playeras de estambre; camisas con elásticos en la cintura y en los puños; manzanas mordidas de pasta colgando del cuello; pulseras hechas con clavos de herrar; cinturones de macramé; chamarras de mezclilla bañadas en pacholi; fulares de colores anudados también al cuello.

No conocí a uno de aquellos muchachos que pensara que sólo por usar esas ropas, esos adornos o esos pelos pensara o sintiera ser homosexual, sin desconocer que entre nosotros los había y que igual estimamos por ser personas como cualquiera, con defectos y con virtudes.

Después de aquella alegre década de radicalismo en las artes y de la toma de poder del cuerpo de uno, cada vez más cerca de la vejez miro con asombro y con desprecio como esta humanidad, condenada a vivir amontonada como ratones en las ciudades, ha terminado por sucumbir ante el neurótico influjo de quienes norman la existencia humana a partir de sus viejos moldes y sus desquiciados conceptos de normalidad.

Por eso, cuando mis pensamientos escapan de este cerco que nos han impuesto para impedir alegrarnos con la creación de universos o sinfonías radicales, mis recuerdos van a pasearse a aquel lejano tiempo. Pero entonces la mirada perdida de mis ojos me delata y no falta quien me pregunte si sigo aquí o en dónde ando.

Nada, respondo con fastidio, sólo yo sé que ando paseando por aquellas playas apacibles de mis recuerdos, cuando aplanaba las calles con mis zapatos de plataforma y de tacón, y competía con el aroma de las flores con mi chamarra de mezclilla bañada en pacholi y con el color del cielo teñido en una playera azul turquesa pintada con una pastilla de anilina y agua dentro de un balde, como si fuese la misma técnica batik utilizada por la Naturaleza para manchar el mediodía del verano.

Y lo hago sin que nadie me mire como un ser extraño por entre las ventanas o me detenga para golpearme por parecer homosexual o por ser simplemente algo extraño, como uno de esos mayates que erizan los vellos de las personas ordinarias.

San Luis Potosí, S.L.P., Mex., domingo 26 de mayo de 2013.

viernes, 24 de mayo de 2013

El mandato de la moda

EL MANDATO DE LA MODA
(Todos los derechos reservados)

 Eduardo José Alvarado Isunza 
ealvaradois@yahoo.com 

Sólo un verdadero avant garde comprende que la moda para serlo debe de ser extrema y el cuerpo debe portar sus hechuras con galanura, porque el dolor es dulce ante la admiración de los demás.

 ¿Qué es el cuerpo frente a la rica satisfacción del yo interior? Si algo sobra hay que quitarlo o si falta hay que ponerlo. 

San Luis Potosí, S.L.P., a 24 de mayo de 2013.