martes, 8 de noviembre de 2011

El asalto

EL ASALTO

Eduardo José Alvarado Isunza
ealvaradois@yahoo.com

La noche era una garganta oscura y el alumbrado eran dientes de luz invadidos por el sarro. Una mujer cruzaba por la plaza todavía con los poemas de Tomás Segovia en la  cabeza, leídos por éste unos días antes de morir.

Ella era frágil, de cintura breve y unos brazos escuálidos. Del fondo de aquella boca ennegrecida y de súbito apareció un hombre. A pesar de la luz infectada ella pudo fijarse en algunos rasgos de la cara del hombre. Eran zanjas brutales dejadas por una violenta supervivencia. Un ojo destrozado y una chorreante herida en el mentón.

El ser tiró con fuerza del maletín y los poemas de Segovia se esfumaron de la cabeza de la muchacha como hacen los poderosos vientos de febrero con las frágiles nubes de las últimas horas del invierno. Ella lo siguió unos metros; sus tacones se escuchan en el silencio como los de las gitanas hechizadas por los rayos de la luna. Clapclapclapclap.

La noche volvió a convertirse en una mancha negra apenas picada por las sucias luces. Ella volvió a casa, entristecida por la pérdida. En el maletín portaba documentos de valor personal: una memoria usb con una novela a punto de concluir con la que participaría en un concurso, sus identificaciones y varios proyectos editoriales en los que había trabajado arduamente. En cambio, llevaba una cantidad ridícula de dinero.

No pudo dormir, espantados sus sueños por el pesar y el susto. Al día siguiente salió de casa ya no con los poemas de Segovia en la cabeza, sino con la imagen del ojo destruido y la sangre en el rostro de aquel hombre. Como un golpe en el estómago descubrió el maletín en la puerta de entrada.

Sus dedos temblaban. Lo abrió con rapidez y observó sus objetos dentro, excepto el dinero. Caminó alegre por las calles donde detrás de cada esquina o entre los árboles aparecían seres desesperados por el desempleo y la falta de dinero. Después de varios minutos de meditar si denunciaba o no el asalto, decidió no hacerlo.

En el mundo quedaba algo de decencia y no sería ella quien destruyera ese ínfimo reducto de humanidad.

San Luis Potosí, S.L.P., a 7 de noviembre de 2011.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy interesante y entretenida

Publicar un comentario