jueves, 10 de noviembre de 2011

Descubrimiento

DESCUBRIMIENTO


(Todos los derechos reservados)

Eduardo José Alvarado Isunza
ealvaradois@yahoo.com

Doña Mónica Moreno, destacada científica y atea mexicana, ha llegado al siguiente descubrimiento, mismo que comparto con ustedes sin más deseo que el de ofrecerles algún conocimiento que les permita vivir sin preocupaciones ociosas:

“Está comprobado –nos dice ella con voz determinante, arqueando una ceja y con una contundencia tal que en el instante haría retorcer al mismo Popper– que el cien por ciento de la gente que toma agua y respira oxígeno, muere.”

Su hallazgo fue resultado de una meticulosa y precisa observación en centenares de individuos. Después de morir éstos, la investigadora interrogó a familiares o personas cercanas de los fallecidos, a fin de conocer los hábitos que llevaron en vida. Todos sin excepción habían consumido agua y respirado oxígeno.

A este hallazgo agréguese lo encontrado por otro científico y también ateo mexicano, que siguió tras las pisadas de doña Mónica Moreno. Según este otro lo mismo aplica para quienes comen frutas y verduras.

La conclusión de todos estos trascendentes estudios es que todos invariablemente mueren.

San Luis Potosí, S.L.P., a 10 de noviembre de 2011.

martes, 8 de noviembre de 2011

El asalto

EL ASALTO

Eduardo José Alvarado Isunza
ealvaradois@yahoo.com

La noche era una garganta oscura y el alumbrado eran dientes de luz invadidos por el sarro. Una mujer cruzaba por la plaza todavía con los poemas de Tomás Segovia en la  cabeza, leídos por éste unos días antes de morir.

Ella era frágil, de cintura breve y unos brazos escuálidos. Del fondo de aquella boca ennegrecida y de súbito apareció un hombre. A pesar de la luz infectada ella pudo fijarse en algunos rasgos de la cara del hombre. Eran zanjas brutales dejadas por una violenta supervivencia. Un ojo destrozado y una chorreante herida en el mentón.

El ser tiró con fuerza del maletín y los poemas de Segovia se esfumaron de la cabeza de la muchacha como hacen los poderosos vientos de febrero con las frágiles nubes de las últimas horas del invierno. Ella lo siguió unos metros; sus tacones se escuchan en el silencio como los de las gitanas hechizadas por los rayos de la luna. Clapclapclapclap.

La noche volvió a convertirse en una mancha negra apenas picada por las sucias luces. Ella volvió a casa, entristecida por la pérdida. En el maletín portaba documentos de valor personal: una memoria usb con una novela a punto de concluir con la que participaría en un concurso, sus identificaciones y varios proyectos editoriales en los que había trabajado arduamente. En cambio, llevaba una cantidad ridícula de dinero.

No pudo dormir, espantados sus sueños por el pesar y el susto. Al día siguiente salió de casa ya no con los poemas de Segovia en la cabeza, sino con la imagen del ojo destruido y la sangre en el rostro de aquel hombre. Como un golpe en el estómago descubrió el maletín en la puerta de entrada.

Sus dedos temblaban. Lo abrió con rapidez y observó sus objetos dentro, excepto el dinero. Caminó alegre por las calles donde detrás de cada esquina o entre los árboles aparecían seres desesperados por el desempleo y la falta de dinero. Después de varios minutos de meditar si denunciaba o no el asalto, decidió no hacerlo.

En el mundo quedaba algo de decencia y no sería ella quien destruyera ese ínfimo reducto de humanidad.

San Luis Potosí, S.L.P., a 7 de noviembre de 2011.

martes, 1 de noviembre de 2011

Secretos

SECRETOS

Eduardo José Alvarado Isunza
ealvaradois@yahoo.com

Gestionas una cuenta en Facebook y comienzas a hacer amistades con bellas y desinhibidas chicas. Luego tu mujer te pregunta si tienes una. Respondes que no: para qué quisieras algo así, qué pérdida de tiempo. Piensas que así burlarás su vigilancia. Preguntas a ella si tiene una y responde que no: es de ociosos, dice ella para tranquilizarte; apenas tiene tiempo para hacer la comida, lavar y atender hijos. 

Un día llega una solicitud de amistad. Tu órgano sexual respinga de inmediato ante la imagen de una chica hermosa. Aceptas la invitación sin analizarlo mucho y comienzas a asediarla hasta que acuerdan una cita. Llegas y entonces sientes la sangre congelada.

Es tu mujer. ¡Ay, muñequito!, te dice para tranquilizarte. No te asustes. No sabes cómo disfruto cuando me lo haces y pienso en Jacinto, Hermenegildo, Rubén y otros amigos del Facebook; y también siento cuando tú piensas en Natalia, Estefania, Griselda o tus amigas mientras me lo haces. ¿No es mejor esto que asistir a un club swinger?

Su sinceridad se despliega ante tu razón como un inesperado descubrimiento y te rompe por dentro como un vaso de cristal cuando estalla contra el suelo. Por días permaneces hundido en la confusión y en el silencio, mientras decides si continúas el juego o abandonas a tu mujer porque fatalmente supiste como ella también comparte tus propios secretos placeres. 

San Luis Potosí, S.L.P., a 1 de noviembre de 2011.