sábado, 22 de octubre de 2011

Una rara enfermedad

UNA RARA ENFERMEDAD



Eduardo José Alvarado Isunza
ealvaradois@yahoo.com

Una noche sufrí de una enfermedad tan extraña que dudo de la existencia de referencias suyas en las crónicas de medicina. Enseguida contaré como me cayó encima aquel padecimiento y cómo pude sanar.

Caminaba por una amplia calle, flanqueada por árboles entre cuyas ramas pendían redes elaboradas por unas arañas impresionantes que jamás había visto ya fuese en persona o mediante documentos.

Dichas arañas eran redondas y de color negro, muy parecidas a las Capulina, pero más grandes y éstas de una materia cartilaginosa. Supe de esta cualidad suya cuando, al pasar debajo de uno de aquellos árboles, mi hombro rozó una red y el bicho, que en ella aguardaba pacientemente su alimento, cayó al piso.

Impulsado por un terror incognoscible y debido a la amenaza que representaba aquella criatura, de inmediato la oprimí con uno de mis zapatos esperando despanzurrarla, como a menudo sucede con los insectos. Fue entonces cuando me vi sorprendido por su elasticidad y resistencia.

Parecía que pisaba una goma y no un insecto. Después de varios intentos por eliminarla de la superficie del planeta admití que mis esfuerzos serían vanos y continué mi paseo.

Al poco tiempo sentí una insoportable picazón en la espalda. Intenté quitarme la comezón, rascándome con severidad, pero sólo conseguí dañarme la piel. Decidí volver a casa para estudiar frente a un espejo qué causaba aquella irritación.

Lo que apareció reflejado fue una de las más extraordinarias y al mismo tiempo temibles visiones que haya tenido y espero nunca volver a experimentar. De la espalda brotaba un furúnculo del tamaño y de la apariencia de una biznaga de la Sierra de Bocas.

Al intentar quitarme las espinas observé cómo permanecían protegidas entre ellas unas palomillas de color morado. Revolotearon y se fueron cuando sintieron la desafiante proximidad de mis dedos.

Pero si esto ya era asombroso todavía estaba por venir otro evento más terrible. Cerca del cuello crecía una especie de viña de la cual surgía una flor maravillosa.

Corrí entonces presa de la angustia ante mi padre. Me miró con tranquilidad con sus ojos grandes y oscuros. Puso dos de sus dedos en una rama de la vid y jaló.

No sufrí cuando de entre los poros de mi piel extirpó una uva del tamaño de un dedo pulgar. Me admiré al verla y admitir su autenticidad. Tan pronto efectuó aquella operación, yo recuperé mi salud.

Nunca he vuelto a sufrir aquella enfermedad. Sólo puedo decirles que la contraje en un mundo lejano, situado en una galaxia a la cual sólo es posible llegar a través de los sueños.

San Luis Potosí, S.L.P., a 22 de octubre de 2011.

2 comentarios:

Florentino Gutierrez R. dijo...

Qué interesante texto... me atrapó de principio a fin.

Eduardo José Alvarado Isunza dijo...

Muchas gracias por tu lectura y por tu gentil comentario, amable Florentino. Te dejo mis abrazos.

Publicar un comentario