miércoles, 8 de diciembre de 2010

Los días que vivimos

LOS DÍAS QUE VIVIMOS


Eduardo José Alvarado Isunza
ealvaradois@yahoo.com


Con genuina y fraterna preocupación a causa de los días que vivimos, uno de mis contactos reenvía, a través de su muro a quienes formamos su red de amistades en Facebook, una serie de recomendaciones de expertos para sortear exitosamente el ambiente de peligrosa y ascendente criminalidad en donde estamos hundidos.

Como existe un incremento en extorsiones y secuestros exprés que perjudica a personas inermes, en su mensaje nos advierte sobre el riesgo de llevar fotos de familiares en la cartera. En ella tampoco debemos cargar más de una tarjeta bancaria, ni tarjetas de presentación. Asimismo, no debemos traer credencial de elector. Y en el chip del teléfono celular debemos abstenernos de identificar los números de nuestros familiares con designaciones tales como: “papá”, “mamá”, “cielito”, “corazón”, “chuletita” y otros formas cariñosas de expresar nuestro amor.

Entonces pienso en mi propia condición y en lo que debería de hacer, a fin de protegerme de sufrir un secuestro exprés o de perdido un robo a partir del cual puedan caer todos mis datos particulares en posesión de una banda de criminales, yo que tanto camino por las calles nomás por distraerme con mis propios pasos (pues qué deleitación puede uno experimentar de esta costra de cemento, de contaminación y de autos que son nuestras ciudades).

Comparo mi realidad con la recomendación y respiro tranquilo. Creo que nada de lo sugerido me implica. Yo cargo a diario con cuanto tengo: una cartera con veinte pesos en feria, una memoria usb, un viejo celular, unos pantalones de mezclilla desteñidos y rasgados, y unos tenis llenos de tierra y de caca de animales callejeros que piso cuando camino distraído por las calles. Pero cuidado con prejuzgar: mi cuestión es de pobreza y no de tacañería.

Prefiero no traer conmigo identificación alguna; ni siquiera la de elector, porque es un gorro reponerla si la extravío o me la roban. Esto último ya me pasó una vez en el camión urbano. Un ladrón bastante fino, digamos muy profesional, muy discreto, me quitó la cartera con la credencial de elector en ella. Ni supe cuándo me la quitó. Sus dedos fueron algodón en mi bolsillo.

No me fastidió porque eso era mi única pieza de importancia, aunque debí hacer un trámite fastidioso para identificarme como mexicano en el organismo emisor. Sólo les faltó hacerme cantar el Himno Nacional para autentificar mi nacionalidad.

Calculo si será necesario aumentar a treinta pesos mi cantidad de dinero para el día, con objeto de prevenirme de algunos hipotéticos asaltantes y que éstos vayan a golpearme por no llevar conmigo suficiente dinero para cubrir sus deseos. He escuchado de personas que han recibido palizas por no encontrárseles dinero o cosas de valor consigo en el momento de caerles.

Aunque un incremento de ese tamaño a la cantidad de dinero en mi bolsillo constituirá un quebranto a la economía de mi casa, supongo que será prudente hacerlo. Total: por unos cuantos pesos ni más pobre ni más rico.

Sin embargo, ya reflexionándolo bien, reparo en que mi confianza descansa en suelo frágil. Está sentada sobre un débil optimismo en que los policías, con quienes desgraciada e inevitablemente tropezaré en cualquier momento en mi andar por las calles, no habrán de considerarme sospechoso por ser tan pobre al registrar mis bolsillos y no encontrar más centavos que para comprar unas galletas; y no dedicarme a la delincuencia organizada a causa de esta inopia, como único medio de ocupación y progreso material.

O en mi leve esperanza de que mi evidente miseria no tentará a cualquier otra banda de maloras a secuestrarme para exigir rescate a mi familia o que me maten por pura confusión, como aquellos pobres michoacanos, espantosamente masacrados nomás porque tuvieron el deseo de conocer Acapulco.

Son los riesgos de vivir en estos días.

San Luis Potosí, S.L.P., a 8 de diciembre de 2010.

2 comentarios:

PanqeLove dijo...

es verdad lo peor es que ahora hasta los policias te registran los bolsillos con el simple pretexto de que "eres sospechoso"...
si traes ya les diste para su taco y si no, te confundieron porque les dieron un afamado "reporte" de que andaban asaltando por ahi...

Moléculas de Cafeína dijo...

Gracias por la lectura y por el comentario, Panquecito. Es terrible esto que está sucediendo. Cuídate.

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