martes, 17 de agosto de 2010

Híkuris

HÍKURIS

Eduardo José Alvarado Isunza
ealvaradois@yahoo.com

Imagine una noche, mientras disfruta de sueños elásticos y dilatados, usted siente cómo de pronto en sus híkuris ha caído la tristeza y aquellos sueños dejan de ser quietos. Dormido aún, usted se aflige terriblemente, son lo mejor de la pequeña colección de cactáceas, dispuestas en cada espacio y rincón disponible de su vivienda, sobre una silla, entre los sillones de la sala de estar, en las ventanas, dentro de una vieja plancha de carbón, en un bote oxidado. Teme una enfermedad virosa fastidiando las entrañas de sus mágicas y admiradas criaturas por un patente color grisáceo en sus bulbos. En un punto de su conciencia observa que no han floreado a pesar del espléndido sol primaveral, cuyas flamas quemantes pasan por los cristales de las ventanas, calcinan muebles y hacen del suyo un verdadero hogar. Piensa que será culpa del recipiente, quizás equivocó en administrar la dosis de agua requerida. Debe cambiarlos y ponerlos en otro donde sientan un suelo con exacta humedad en sus raíces y del tamaño conveniente para extenderlas a sus anchas. Sale y camina hasta la Casa de Artesanías a un costado de La Merced. Revisa los inventarios y localiza una olla rústica de barro cuyo color crudo usted asocia con el mismo desierto prehistórico, un pedazo de hábitat de su híkuri creado con la tierra más nutricia. Paga y sale. Afuera llueve. No podía haber ocasión más propicia. Extiende la olla sobre sus brazos. Gruesas gotas de cielo caen adentro. Estas se transforman en peces de agua que terminan embebidos por el barro. Usted siente en sus manos un depósito de materia perfecta, convenientemente alimentado por vitaminas celestiales. Ya de vuelta los coloca en su nueva morada. Después de dormir espléndidamente y de soñar que ha salido, despierta y se lanza sobre los híkuris. Ahora mira cómo de esas metafísicas cactáceas brotan flores como peces de agua. También observa que afuera ha llovido y siente mojadas sus pantuflas. Sólo imagínelo.

San Luis Potosí, S.L.P., a 17 de agosto de 2010.

No hay comentarios:

Publicar un comentario