miércoles, 21 de julio de 2010

Las flores y los cerdos

LAS FLORES Y LOS CERDOS

Eduardo José Alvarado Isunza
ealvaradois@yahoo.com

A eso de las 20 horas encontré a Roten y a Korn frente al Teatro de la Paz. Me dio gusto verlos y fui a saludarles y agradecerles nuevamente su visita a uno de mis grupos de Pedagogía. Eso había sido exactamente una semana antes.
Habían atendido muy generosa y desinteresadamente mi invitación de estar en ese grupo para conversar sobre su forma de organización en colectivos y otras experiencias, como su convivencia en un okupa de la ciudad.
Antes de esa tarde que estuvieron con mis estudiantes, no les conocía físicamente. Habíamos tenido contactos a través de correos-e como parte de cibercadenas de ciudadanos deseosos de romper cercos informativos.
Unos días antes de que les invitara a conversar de colectivos, okupas y prácticas contraculturales con mis alumnos de Pedagogía, un mensaje de chat de Roten entró a la pantalla de la máquina en que trabajo.
Varios días hablamos de nuestros intereses e identidades. Allí lo identifiqué como “anarko-punk” y muy generosamente me dio alguna información de ese movimiento. Supe de su crew de nombre “Círculo Machete”.
Me hizo diferenciar entre los punks de los 70s, como aquellos identificados con The Sex Pistols, y los actuales. Supe de la existencia de nuevos grupos, como “Masacre de 68”. Y así pasamos buenos ratos conversando.
Creí conveniente que mis alumnos conocieran otras dimensiones de lo existente y no sólo tuviesen interés en limarse las uñas o dar mates para irse a beber cervezas a la cantina.
Estaba interesado en particular en que supieran de la existencia de una línea de su campo de conocimiento que es conocida como “educación popular” y pedí a Roten que nos visitara en la escuela.
Fue muy generoso. No me pidió nada. Acudió acompañado de Korn, a quien sólo ubicaba por su nick en la categoría de “zapatistas” en mi lista de contactos-e. Luego supe que volvían de cantar en los camiones.
Impactó su apariencia. Iban con los cabellos parados y embadurnados con algo (me dijeron después que con grenetina); con franjas de cabeza afeitada como surcos. Cubrían su rostro.
Korn usaba un paliacate y Roten un tejido de estambre. Protestaban por la corrupción y la depredación del sistema burgués. Evidenciaban así como el régimen convierte en masa sin rostro a los miserables y los deslengua.
Hablaron de sus actividades contraculturales en su crew y Korn tocó en su guitarra una pieza musical muy triste, compuesta por él. De esa forma, dieron a conocer a mis estudiantes lo que es su experiencia en “educación popular”.
Me afané por mostrarles una realidad negada y contrastarlo con los recortes de fantasía que el sistema irradia, como relámpagos deslumbrantes, en programas tipo Chapoy, revistas de actores y anuncios de croquetas de perro.
Con su ayuda traté de explicarles cómo en un colectivo y en una okupa existen relaciones educativas horizontales, sin profesores credencializados, sin imposición de currículums. Es lo que denominamos “educación popular”.
Por la noche los ví fuera de la okupa de Lanzagorta. No supe más de ellos hasta que volvimos a vernos frente al Teatro de la Paz. Entonces me platicaron cómo fueron agredidos, humillados e insultados por policías, esa misma tarde.
Roten estaba frente a la okupa con otros muchachos como él (andan por los 17 años), cuando cayó un grupo de “cerdos”. Buscaban intimidarlos y disuadirlos de que deben fragmentarse y destruir sus redes de interacción.
Obligaron a Roten a quitarse los zapatos. Un agresivo grasoso aseguraba que traía droga en los calcetines. Enfrentó valiente al “cerdo”. Le dijo que tenía derechos constitucionales. De respuesta tuvo groserías y manotazos.
Todo se agitó en la calle y sintieron miedo en el estómago. Korn estaba dentro con otros. Escucharon golpes furiosos en la puerta, quizás con toletes o con cachas de pistola. Ese comando de bestias intentaba invadir su santuario.
Abandonaron el sitio después de cumplir con servil obediencia su orden de sembrar confusión y miedo entre los muchachos, girada indudablemente desde el escritorio del gobernador Marcelo de los Santos.
Korn salió de la okupa después de que los grasosos abandonaron la calle. Cuando caminaba rumbo a su casa por el rumbo de Satélite, fue interceptado por otros cuerpos mantecosos en la calle de Constitución.
Iban en una camioneta de lujo. Le detuvo uno de esos grasosos que sólo sirven para golpear, humillar y matar gente (cosa que incluirá un hijo o su mujer). Con sus pezuñas le arrebató su paliacate.
“Quítate esa chingadera y cuidado que vuelva a verte con ella”, gritó el grasoso. Siguió insultándolo y agrediéndolo. Korn sintió que iba a ser secuestrado. Ni fuerza física ni armas de fuego podía emplear para defenderse.
Desde la represión del 1 de mayo contra el “Bloque Negro”, de filiación anarquista, es constante el acoso y hostigamiento del cristiano gobernador panista a los colectivos y en particular del okupa de Lanzagorta.
Sufren un ataque a sus garantías constitucionales, como son las libertades de reunión, agrupación, expresión, credo político e identidad cultural. No sólo sufren pobreza y violencia familiar. También represión del estado.
Este mismo gran marrano nos hizo saber que expropiará todas las viejas casas del centro y de los barrios históricos de la ciudad, cuyos propietarios murieron intestados.
Si cumple su amenaza (no su palabra, porque no tiene), hará en ellas centros de cultura con burócratas güevones de sueldos elevados. O bien, las robará a la ciudad y las hará de su propiedad, como ya lo ha hecho.
Periodistas que respetan su oficio denunciaron cómo el cínico y depravado gobernador, que ni vergüenza siente al comulgar en misa dominical con el “Cuerpo de Cristo”, ya se ha apoderado de viejas fincas intestadas.
Ahora quiere quedarse con la okupa de Lanzagorta (una bella finca desde donde puede apreciarse una hermosa estampa de la torre del templo de San José). Nos gobierna un hombre gravemente enfermo por la ambición.
De paso despedazará con sus cerdos el bello cultivo de flores que comenzaba a colorear nuestra existencia y que alimentaba nuestro optimismo en la proximidad de un radiante amanecer.

San Luis Potosí, S.L.P., a 15 de junio de 2007.

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