sábado, 10 de octubre de 2009

Escarabajos

ESCARABAJOS

Eduardo José Alvarado Isunza
ealvaradois@yahoo.com

Los escarabajos son unas potentes máquinas de amor. Por eso están así de negros y gordos y andan con una lentitud envidiable. Hacen el amor toda la noche y pueden seguir pegados al otro día, uno encima del otro, contorsionándose muy suavemente. De vez en cuando giran para comer un resto de molusco que dejaron en las piedras o la punta de una hoja. Los he visto hacerse más prietos e inflarse como si fueran a reventar cuando están en el acto. También los he oído gemir, principalmente a ellos, más a ellos que a ellas. No todos tienen oído para escuchar su gemido. Eso es algo a aprender. ¿A quién tratan de impresionar con ese desplante de energía? Debemos estudiar su dieta. Quizás ese sea su secreto. Ahora que tal vez sea la luna que les hace tener esa apreciable ímpetu amoroso. Uno sabe cuando eyaculan porque es precisamente cuando arrojan ese aroma a tréboles convertidos en metano que hace apretar nuestras narices. Para ellos resulta un perfume estremecedor, de una calidad olfativa mayor que cualquier sustancia embotellada. Mis escarabajos salen por la noche. Nomás les brillan en sus ojos los blancos rayos de la luna y las escarabajas se carcajean de tanto amor. Y sólo es así cuando hay luna. Si no hay, prefieren pasar la noche contándose historias debajo de una maceta húmeda, con los ojos pegados al cielo, esperando esos plateados hilos que caen de allá, frotándose las patitas para hacer el amor.

San Luis Potosí, S.L.P., a 31 de agosto de 2007.

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